Nuestra confusión religiosa y espiritual es creada por nosotros mismos. La certeza de la salvación se encuentra solo en Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Nuestra confusión religiosa y espiritual es creada por nosotros mismos. La certeza de la salvación se encuentra solo en Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.