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La humanidad entera coincide en algo muy importante. De múltiples maneras, no importa la raza, la religión o el estatus socio-económico, todos nos encontramos en una búsqueda espiritual que le de propósito y significado a nuestra existencia. Pienso que no hay experiencia más transformadora en la vida que el encuentro personal con Dios. Más allá del conocimiento intelectual que podamos tener de Él, cuando su gracia alcanza nuestro ser, se establece una comunión genuina que nos hace florecer. Cuando llegamos a tener relación con Dios, esa amistad transforma profundamente nuestro ser. “Dios cambia nuestras cenizas en belleza, nuestro luto en óleo de gozo, y nuestra angustia en manto de alegría”. Este pasaje nos revela no sólo quién es Dios, sino lo que Él es capaz de hacer en nuestras vidas: restaurar, sanar y redimir.
By Rosalía Moros de Borregales5
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La humanidad entera coincide en algo muy importante. De múltiples maneras, no importa la raza, la religión o el estatus socio-económico, todos nos encontramos en una búsqueda espiritual que le de propósito y significado a nuestra existencia. Pienso que no hay experiencia más transformadora en la vida que el encuentro personal con Dios. Más allá del conocimiento intelectual que podamos tener de Él, cuando su gracia alcanza nuestro ser, se establece una comunión genuina que nos hace florecer. Cuando llegamos a tener relación con Dios, esa amistad transforma profundamente nuestro ser. “Dios cambia nuestras cenizas en belleza, nuestro luto en óleo de gozo, y nuestra angustia en manto de alegría”. Este pasaje nos revela no sólo quién es Dios, sino lo que Él es capaz de hacer en nuestras vidas: restaurar, sanar y redimir.