Nuestro Señor Jesús no murió en vano. Su muerte fue expiatoria: Él murió como nuestro sustituto, porque la muerte era el castigo por nuestros pecados; y debido a que Su sustitución fue aceptada por Dios, Él ha salvado a aquellos por quienes puso Su vida en sacrificio.
¿Hay algún caso en el que nuestro Señor hubiere echado fuera a alguien que viniera a Él? Si existiera un caso así, nos gustaría conocerlo; pero no ha habido ningún caso, y nunca lo habrá.
El pacto que el Señor hizo con Noé permanece firme, y no tenemos dudas al respecto. ¿Por qué, entonces, habríamos de pensar que las nubes de la tribulación, que oscurecen ahora nuestro cielo, terminarán destruyéndonos?
Esto fue dicho a un creyente semejante a un niño, que estaba listo a aceptar a Jesús como el Hijo de Dios, el Rey de Israel, sobre la base de un solo argumento convincente.
La promesa de ayer nos aseguraba fortaleza para lo que tenemos que hacer, pero esta promesa nos garantiza ayuda en los casos en los que no podemos actuar solos.
Observemos ahora cómo considera Dios la luz. «Vio Dios […] la luz». La miró con satisfacción, la contempló con placer, «vio que […] era buena».
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De madrugada te buscaré es un devocional diario para aquellos que buscan más de Dios. Un programa grabado todos los días a las 5:30am. El objetivo que tenemos es poner a Dios en primer lugar.