A la política se puede ir por dos razones: para usar a la sociedad y decirle todo lo que quiere oír, engañar a cuantos más ciudadanos mejor, para conseguir los votos que te aúpen al poder y disfrutar de éste mientras te sea posible, o para constatar que en tu sociedad hay cosas que no funcionan y peligros que enfrentar y tratar de convencer a cuantos más mejor de que tus principios son la solución y que quien te vote sepa que los vas a aplicar. Después, vienen las estrategias, todas discutibles. El problema es cuando tu único principio es la estrategia.