Xi Jinping quiere que China lea más. Siempre que sean los libros correctos. Con ese detalle orwelliano arranca esta semana en Asia, que no ha sido precisamente tranquila: el Estrecho de Hormuz sigue cerrado y Japón busca petróleo por donde puede; China denuncia ante la ONU a Japón y la UE por opinar sobre el Mar del Sur de China mientras militariza sus aguas; Corea del Norte inaugura en Pyongyang un museo dedicado a sus soldados muertos en Ucrania, con el ministro de Defensa ruso en primera fila; la Unión Europea sanciona a Kirguistán por actuar como corredor de guerra para Rusia; el ejército indonesio niega sus muertos en Papúa mientras cientos protestan en las calles; Myanmar renueva su fachada civil con el mismo general de siempre; en Ginebra comienza el juicio por el blanqueo de la hija de un dictador uzbeko con un banco suizo en el banquillo; y un expolítico filipino corrupto se esfuma del espacio Schengen mientras la justicia de Manila sostiene los papeles de extradición.
Todo estable. Todo en orden.