Aunque volviera la vista a la historia
no podría por menos que transmigrar otras palabras,
ni otros versos hacia aquel horizonte de odio
que retransmiten hasta las gotas de lluvia
llevando en ellas una muerte anunciada, una vida robada,
un aroma pútrido de peregrinos sabores.
La clemencia no existe ya ni en los silencios,
embrujan solo para obtener barrigas llenas
en contra de cepos para el engaño.
Es una vuelta a las tinieblas,
un sollozo, un grito, la condena de palabras
que abren puertas a esa libertad
que viene con nosotros a este mundo,
unida a un cordón umbilical del alba de universos,
que nos llama, siempre nos llama hacia la raíz de las cosas.
Aún guardo la esperanza de aquellas promesas de los dioses
quitar color al llanto, hacerlo invisible, desnudar las manos
que toquen aquellos mimbres, y sea su epidermis el único contacto.
He aprobado unas ratas, Lisístrata, avisperos-refugio,
también he abierto puertas a definiciones absurdas,
burdas urgencias por apagar el sol, ennegrecer los cielos
cerrándole la boca por interés de otros, esos otros
que nos han robado el aire las aguas y el mañana.
Chema Muñoz©