La vuelta de las vacaciones siempre supone una transición que nos cuesta afrontar, porque supone dejar de vivir sin el tiempo que marca el reloj para volver a la esclavitud temporal que gotean de continuo sus crueles manecillas. Pero las vacaciones no terminan nunca si somos capaces de mantener la actitud positiva, de no magnificar lo que no nos gusta y de empatizar con los otros, que hemos mantenido durante las vacaciones. Porque todo depende de la actitud mental con que afrontemos lo que nos toca vivir en cada momento. Solo así descubriremos que hasta la rutina a la regresamos tiene su encanto.