Cuando tú y yo le decimos a Dios, "cámbieme", debemos entender lo que estamos diciendo porque todos los cambios que debemos hacer no ocurrirán de la noche a la mañana.
Cuando tú y yo le decimos a Dios, "cámbieme", debemos entender lo que estamos diciendo porque todos los cambios que debemos hacer no ocurrirán de la noche a la mañana.