En 1997, el rock exigía etiquetas claras y muros de ruido definidos, pero Deftones prefirió habitar el espacio entre la agresión y la fragilidad. Desde los suburbios de Sacramento hasta consolidar un sonido líquido que desafía al tiempo, su obra demuestra que el caos y la melodía no son opuestos, sino parte de una misma textura emocional.