¿Te imaginas invertir una fortuna en una obra de ingeniería de 182 metros para que, antes de inaugurarla, el Gobierno te obligue a destruirla? Eso es lo que ha pasado en la playa de Kelingking, famosa por su acantilado con forma de T-Rex. Un grupo inversor quiso explotar el turismo masivo con un ascensor de cristal, pero cometieron un error financiero fatal: ignorar el riesgo regulatorio y el impacto ambiental. La presión social y las ilegalidades urbanísticas han convertido una inversión millonaria en escombros. Esto te enseña una lección valiosa: hoy en día, si un proyecto no es sostenible y no respeta la ley, tu dinero vale cero.
La curiosidad es que el negocio parecía perfecto sobre el papel porque la única forma actual de bajar a la playa es un sendero de bambú y roca tan empinado y peligroso que muchos turistas sufren accidentes intentando descender.
Fuentes de información: The Bali Sun, CNN Travel, Gobierno de Bali.
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