El agua es imprescindible para vivir, pero un diamante suele tener un precio mucho mayor.
Esta paradoja, planteada por Adam Smith, ayuda a separar utilidad y precio.
Lo que pagamos también depende de la cantidad disponible y de cuántas personas quieren comprar.
La escasez por sí sola no basta si nadie necesita o desea ese material.
El azafrán, por ejemplo, exige mucho trabajo para obtener una pequeña cantidad.
En otros casos, una nueva tecnología permite producir más y abaratar el resultado.
Eso ocurrió con el aluminio, que dejó de ser un material reservado al lujo.
Los costes de extracción, transformación y transporte también cuentan.
Un precio alto no mide lo imprescindible que es algo, sino las condiciones en las que se compra y se vende.
Fuente: Adam Smith.
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