Eike Batista no tuvo mala suerte, tuvo un exceso de confianza letal. Este magnate brasileño llegó a ser la séptima persona más rica del mundo vendiendo una promesa: petróleo. Bautizó todas sus empresas con una "X" al final (OGX, MMX) porque creía supersticiosamente que esa letra multiplicaría su fortuna automáticamente.
Pero el mercado descubrió la verdad: sus pozos petrolíferos eran una fantasía sin viabilidad económica. En cuestión de meses, su imperio se derrumbó. Pasó de tener 30.000 millones de dólares a deber 1.000 millones, convirtiéndose en un "multimillonario negativo". Este caso es el ejemplo perfecto de burbuja especulativa: invertir basándose en historias y no en realidades tangibles te puede llevar a la ruina total.
¿Sabías qué? Su caída fue tan peliculera que, cuando la justicia fue a embargarle sus bienes por corrupción y blanqueo, se llevaron un Lamborghini Aventador blanco que Eike tenía aparcado, literalmente, en el medio del salón de su casa como decoración.
Fuentes de información: BBC, El País, Forbes, The Wall Street Journal