¿Dónde descansa nuestra esperanza cuando los planes cambian y las pruebas llegan? En este sermón basado en el Salmo 100, meditamos en cómo la gratitud no es una emoción pasajera, sino una marca distintiva del pueblo de Dios que reconoce la soberanía de su Creador. Acompáñanos a explorar por qué la iglesia no se sostiene por la idoneidad de sus planes, sino por la fidelidad inquebrantable de un Dios que es bueno y cuya misericordia es eterna. Te invitamos a descansar en la suficiencia de Cristo, el único que nos permite entrar con confianza ante la presencia del Rey.