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Or


71Cuando terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún. 2Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. 3Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado. 4Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, 5porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga». 6Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo; 7por eso tampoco me creí digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano. 8Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». 9Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe». 10Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano. 11Poco tiempo después iba camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío. 12Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. 13Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». 14Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!». 15El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre. 16Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». 17Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.
Tertuliano. De su vida muy poco se sabe, ya que está basada en referencias de sus escritos, en Eusebio de Cesarea2 y en san Jerónimo.3
Su padre fue centurión en el Ejército romano en África. El África romana se destacó por albergar grandes oradores y esta influencia puede verse en su estilo, sus arcaísmos, su gran imaginación, y su temperamento pasional. Fue un académico que recibió una excelente educación. Escribió por lo menos tres libros en griego, de los cuales él mismo cita; pero ninguno se ha conservado. Su especialidad fueron las leyes, y sus métodos de argumentación lo demuestran. Eusebio nos cuenta que fue un destacado abogado en Roma.
Su conversión al cristianismo ocurrió alrededor de 197-198, tal y como sostienen Adolf von Harnack, Gottlieb N. Bonwetsch, y otros, pero sus antecedentes son desconocidos, a menos por conjeturas de sus obras. Tal evento debe haber sido decisivo en su vida, transformando su personalidad; él mismo dijo que no podría imaginar una verdadera vida cristiana sin tal cambio radical, un radical acto de conversión: "los cristianos se hacen, no nacen".4
Fue ordenado presbítero en la Iglesia de Cartago, estando a su vez casado, ya que el celibato no fue obligatorio hasta varios siglos más tarde. Este hecho está bien confirmado por sus dos libros dedicados a su esposa. Sin embargo, se opuso a la «bigamia», es decir, el nuevo matrimonio de viudos y viudas, y dirigiéndose a quienes experimentaron el «feliz deceso de un cónyuge», urgía a los sobrevivientes a aprovechar la oportunidad de suspender sus deseos carnales y no volver a casarse. Fue uno de los mayores teólogos de la cristiandad del siglo III.
En su visita pastoral a la ciudad de Trieste este 7 de julio, con motivo de la Semana Social de los católicos en Italia, el Pontífice exhortó en su homilía de la Santa Misa a ser profetas y testigos del Reino de Dios, a ser “escándalo de la fe”. Previamente a la oración del Ángelus, al final de la celebración eucarística, el Papa Francisco se dirigió a “todos los pueblos que sufren a causa de la guerra”, recordando que en una ciudad como Trieste, situada en la encrucijada entre Europa Occidental y los Balcanes, el reto “es conjugar apertura y estabilidad, acogida e identidad”.
CAPITULO I
EL MISTERIO DE LA IGLESIA
1 Por ser Cristo luz de las gentes, este sagrado Concilio, reunido bajo la inspiración del Espíritu Santo, desea vehementemente iluminar a todos los hombres con su claridad, que resplandece sobre el haz de la Iglesia, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15). Y como la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano, insistiendo en el ejemplo de los Concilios anteriores, se propone declarar con toda precisión a sus fieles y a todo el mundo su naturaleza y su misión universal. Las condiciones de estos tiempos añaden a este deber de la Iglesia una mayor urgencia, para que todos los hombres, unidos hoy más íntimamente con toda clase de relaciones sociales, técnicas y culturales, consigan también la plena unidad en Cristo
La voluntad del Padre Eterno sobre la salvación universal
2 El Padre Eterno creó el mundo universo por un libérrimo y misterioso designio de su sabiduría y de su bondad, decretó elevar a los hombres a la participación de la vida divina y, caídos por el pecado de Adán, no los abandonó, dispensándoles siempre su auxilio, en atención a Cristo Redentor, "que es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura" (Col 1, 15). A todos los elegidos desde toda la eternidad el Padre "los conoció de antemano y los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que este sea el primogénito entre muchos hermanos" (Rm 8, 19). Determinó convocar a los creyentes en Cristo en la Santa Iglesia, que fue ya prefigurada desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en el Antiguo Testamento, constituida en los últimos tiempos, manifestada por la efusión del Espíritu Santo, y se perfeccionará gloriosamente al fin de los tiempos. Entonces, como se lee en los Santos Padres, todos los justos descendientes de Adán, "desde Abel el justo hasta el último elegido", se congregarán ante el Padre en una Iglesia universal
Aleluya. Ef. 1/17-18
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Salmo Responsorial 84/ 9-14
1) Voy a escuchar lo que dice el Señor:
Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.
“La salvación esta ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra” .-R
2) La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.- R
3) El Señor nos dará la lluvia
y nuestra tierra dará su fruto ,
la justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos .-R
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Tascio Cecilio Cipriano (en latín, Thascius Cæcilius Cyprianus; c. 200 - 14 de septiembre de 258)1 fue un clérigo y escritor romano, obispo de Cartago (249-58), santo y mártir de la Iglesia. Autor importante del Cristianismo primitivo de ascendencia bereber,2 muchas de cuyas obras en latín se han conservado. Nació alrededor de principios del siglo III en África del Norte, quizás en Cartago,3 donde recibió una educación clásica. Poco después de convertirse al cristianismo, se convirtió en obispo en 249. Una figura controvertida en vida, sus fuertes habilidades pastorales, su firme conducta durante la herejía novaciana y el brote de la plaga, y martirio en Cartago reivindicaron su reputación y demostraron su santidad a los ojos de la Iglesia. Su hábil retórica latina le llevó a ser considerado como el escritor latino más
En el mes de julio, el Papa Francisco nos invita a rezar por nuestras hermanas y nuestros hermanos que reciben la Unción de los Enfermos. En El Video del Papa, producido por su Red Mundial de Oración, nos acercamos al significado de la Unción de los Enfermos y quiénes pueden recibirla. No siempre es el paso previo a la muerte, no es “despedirse de la vida”; sino que es un sacramento de sanación del espíritu, un sacramento de esperanza. Consideremos a este sacramento como un “signo visible de compasión y de esperanza”, pidiéndole al Señor su fuerza para todo ser querido que la reciba. - "Este mes tengamos en nuestra oración el cuidado pastoral de los enfermos. La Unción de los Enfermos no es un sacramento solo para aquellos que están a punto de morir. No. Es importante tener esto claro. Cuando el sacerdote se acerca a una persona para darle la Unción de los Enfermos, no está necesariamente ayudándole a despedirse de la vida. Pensar así es renunciar a toda esperanza. Es dar por sentado que después del cura llega el enterrador. Recordemos que la Unción de los Enfermos es uno de los “sacramentos de sanación”, de “curación”, que sana el espíritu. Y cuando una persona está muy enferma conviene darle la Unción de los Enfermos. Y cuando una persona ya está anciana, conviene que reciba la Unción de los Enfermos. Oremos para que el sacramento de la Unción de los Enfermos dé a las personas que lo reciben y a sus seres queridos la fuerza del Señor, y se convierta cada vez más para todos en un signo visible de compasión y de esperanza".
PARA VERLO Y ESCUCHARLO Pincha aquí: https://youtu.be/rIkJFbJf_bQ?si=Y4moOCFfhTJ4Nj_m
Santos. El santo aquí en la tierra: alegría, necesidad de la oración, de la lucha ascética, fortaleza, humildad, etc"Obras maestras del Espíritu Santo". Necesidad de personas santas. Los santos en la Patria definitiva. Intercesión y veneración. Conocer la vida de los santos. Las fiestas de los santos. Veneración por las reliquias, lugares donde vivieron, etc. Imágenes de santos
Tertuliano. De su vida muy poco se sabe, ya que está basada en referencias de sus escritos, en Eusebio de Cesarea2 y en san Jerónimo.3
Su padre fue centurión en el Ejército romano en África. El África romana se destacó por albergar grandes oradores y esta influencia puede verse en su estilo, sus arcaísmos, su gran imaginación, y su temperamento pasional. Fue un académico que recibió una excelente educación. Escribió por lo menos tres libros en griego, de los cuales él mismo cita; pero ninguno se ha conservado. Su especialidad fueron las leyes, y sus métodos de argumentación lo demuestran. Eusebio nos cuenta que fue un destacado abogado en Roma.
Su conversión al cristianismo ocurrió alrededor de 197-198, tal y como sostienen Adolf von Harnack, Gottlieb N. Bonwetsch, y otros, pero sus antecedentes son desconocidos, a menos por conjeturas de sus obras. Tal evento debe haber sido decisivo en su vida, transformando su personalidad; él mismo dijo que no podría imaginar una verdadera vida cristiana sin tal cambio radical, un radical acto de conversión: "los cristianos se hacen, no nacen".4
Fue ordenado presbítero en la Iglesia de Cartago, estando a su vez casado, ya que el celibato no fue obligatorio hasta varios siglos más tarde. Este hecho está bien confirmado por sus dos libros dedicados a su esposa. Sin embargo, se opuso a la «bigamia», es decir, el nuevo matrimonio de viudos y viudas, y dirigiéndose a quienes experimentaron el «feliz deceso de un cónyuge», urgía a los sobrevivientes a aprovechar la oportunidad de suspender sus deseos carnales y no volver a casarse. Fue uno de los mayores teólogos de la cristiandad del siglo III.
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