RESPETOS HUMANOS (4592-4600)1. Cuando se hubieron ido los mensajeros de Juan, comenzó Jesús a decir a la muchedumbre acerca de él: ¡Qué habéis salido a ver al desierto? ¡Una caña agitada por el viento? ¡Qué salisteis a ver? Un hombre vestido con molicie? Los que visten suntuosamente y viven con regalo están en los palacios de los reyes. ¡Qué salisteis, pues, a ver? ¡Un profeta? Sí, yo os digo, y más que profeta. Este es aquel de quien está escrito: "He aquí que yo envío delante de tu faz a mi mensajero, que preparará tu camino delante de ti" (Lc 7, 24-27). Juan había dedicado toda su vida al cumplimiento de su misión con valentía y fortaleza. El Señor alaba esta firmeza, y dice de él que no es una caña que se mueve con cualquier viento, "porque ni le ablandaba favor alguno -comenta San Gregorio Magno- ni le hacía daño ninguna difamación; lo próspero no le envanecía ni era abatido por la adversidad; no era, pues, Juan una caña movida por el viento; nada le desviaba de la rectitud de su vocación" (Hom. 6).Y apenas Cristo comienza a ser conocido, Juan se oculta voluntariamente, pone a sus discípulos en seguimiento de Jesús y termina su vida en el silencio y abandono de una cárcel: ha cumplido su misión, ha hecho aquello para lo que Dios le había escogido.Es un ejemplo para nuestra vida. Hemos de imitarle en el cumplimiento de nuestra vocación, para que no haya lugar a desánimos, a inconstancias, "para que jamás nos movamos por el cambio de las cosas pasajeras" (ibídem) y vayamos derechamente al cumplimiento de la Voluntad de Dios. Juan el Bautista es un extraordinario ejemplo de cómo ha de actuar el cristiano en el mundo, sin respetos humanos, sin temor al qué dirán: con la preocupación de dar a conocer a Cristo. principalmente con sus obras, en cualquier situación en la que se encuentre.