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Que impostoras se nos vuelven las memorias,
aún creemos que nos aman, que los hábitos
no traspasan las fronteras, que los pubis duran siempre,
que la rabia nos conservan avizores los odios y los temores
y las buhardillas son esos tubos de ensayo donde hallamos las respuestas.
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¿Que preguntas haríamos a los yunques, a la leña o al fuego
de aquellos años cuando eclipses y los valles regalaban
nuestras dádivas al rio que crean los grifos, a la yesca de esa llama
al los vados que ponemos al furor de romerías cuando el cutis
da señales de tendencia natural.
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Ni abanicos, ni oboes llevan el ritmo compacto,
ni los muslos son cabañas, ni utopías, ni tampoco
la guadaña de sospechas, ni ladrillos en los muros
que tributan los bramidos del guardián de las urgencias
que vienen junto a la edad de besar, de desdichas de las islas
por donde el deseo navega .
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Mientras se me viene a la boca el hoyo de tu barbilla
ese hilo musical del respirar de tu pecho,
lo profundo de tus danzas, los yugos con que sometes
las estrellas en tu invierno y el calor que se condensa
dentro de mi arquitectura.
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Dormiré en acantilados que me creas cada noche,
entre el sueño de tenerte al alcance de mis sueños
con las bellas agresiones desde el borde de tu alfombra.
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Chema Muñoz©