Nuestro mundo se ha convertido en una competencia, en la necesidad de tener control, de ser reconocido y valorado y sobretodo de tener la razón, siendo además que esa razón se levanta como una verdad no particular sino absoluta a la que el otro debe adecuarse por voluntad propia o de lo contrario se le tachará de intolerante, intransigente, arrogante al no aceptar su error, no permitimos opiniones, si estas estan en nuestra contra y son los momentos ídoneos para iniciar las eternas discusiones que no pretenden acuerdos, investigaciones y discernir, sino desacreditar al otro para que basado en ello su opinión valga menos que cero.