Drácula, el no muerto, aquel que domina los elementos, nos lo sirvió Bram Stocker pero en el cine nos podemos deleitar con el magnetismo del no muerto diseccionando la película de Tod Browning. Este director norteamericano vinculado con el ocultismo, según se cuenta, es recordado por su Drácula, que dirigió en 1921, y por Freaks de 1932. El que iba a encarnar al no muerto era Lon Chaney, estrella del cine mudo, pero su muerte provocó la elección de Bela Lugosi que dio vida a un Drácula elegante y refinado, y cuya interpretación se caracteriza por la contención, tensión y sobriedad. El terror que inspira es más espiritual que físco, la intensidad de su mirada y la expresión de su rostro, casi impasible, empolvado y cadavérico, vestido con traje victoriano y capa es lo más terrorífico de la película.