Jesús nos lanza un reto, ser perfectos como el Padre celestial es perfecto; esta invitación es similar a la que hace el Antiguo Testamento a los judíos cuando se les pide que sean santos porque su Señor Dios es santo. Para conseguirlo hay que dejar toda atadura y a sentir inquietud constante por hacer la voluntad de Dios y ser fieles a él.