En el Evangelio de este domingo nos encontramos de nuevo con Cristo crucificado, pero no solo con aquél que se entregó por nuestros pecados, sino que ahora con un significado distinto. Este es el Rey que nos ha abierto la puerta al Reino de los Cielos a través de una puerta que tiene forma de cruz.
Meditemos pues en cómo ha sido nuestra vida y si en realidad estamos listos para atravesar aquella puerta que se abre ante nosotros. Puerta que no solo se abre al final de nuestra vida sino que está abierta desde el día que hemos decidido seguir a Cristo.