El doctor de la Ley le pregunta a Jesús sobre su propia salvación y Cristo lo remite a la Sagrada Escritura; si el maestro de la Ley quiere alcanzar la salvación, todo lo que necesita está en la Biblia, pero no basta leerla, hay que conocerla, hay que estudiarla, hay que vivirla. San Pablo nos recuerda que la Escritura es inspirada por Dios y ella nos debe llevar a una vida recta, pero también debe ser usada para corregir y orientar la vida del cristiano.