Como un logro histórico de la antigüedad se habló con frecuencia de la pax romana, es decir, la paz que estableció el imperio romano entre sus habitantes, sin embargo, esta se consiguió por medio de las armas. La paz que Jesús nos ofrece, es una paz que no termina y que no conoce límites, fronteras ni ocaso. Junto a Cristo, la paz es un bien perdurable.