El profeta Isaías grita al pueblo que viene de regreso del destierro en Babilonia a que estén felices y alegres porque su período de dolor ha terminado y se acerca uno nuevo de paz, esperanza, alegría, gozo, liberación y plenitud. Jesús también nos invita a tener esta certeza y confianza: nuestra liberación definitiva del dolor, el sufrimiento y la muerte ha iniciado ya, pero todavía falta un poco de tiempo para realizarse en la perfección de Dios.