Tomar en serio la palabra de Dios implica una escucha atenta y obediente durante nuestro camino y no solo durante la Cuaresma. Así pues, tomemos en serio lo que hoy les dice Dios a los apóstoles en forma imperativa: "Escúchelo". Así mismo, es necesario, como Abraham creer y obedecer la Palabra de Dios, palabra en la que estaba la promesa de darle una descendencia que sería más numerosa las arenas del mar. “¿Qué tan grande es mi fe? La forma de saberlo es obedeciendo la Palabra como Abraham.
Hoy vivimos en un mundo sin fe lo que lo tiene vuelto de cabeza. El mundo en general, y debemos en muchos casos incluirnos nosotros mismos, pues en muchos casos nos mostramos, aun como cristianos católicos, reticentes para cumplir cabalmente la Palabra del Señor. Hemos olvidado que la palabra debe ser la Luz para nuestro camino y que en ella está todo lo que necesitamos para realmente ser felices poseedores del Reino. Por ello, la Cuaresma se nos presenta como un tiempo especial para leer la Palabra e ir sacando de Ella los elementos en los que no somos constantes y hacernos el propósito de empezar a cumplirlos, para mostrarle a Dios que realmente lo reconocemos como Dios y Señor, como Abraham, aun cuando lo que nos pida sean cosas que nos parezcan “ilógicas y absurdas”.