El cristiano está llamado a ser, delante de los hombres y mujeres del tiempo presente, evidencia palpable de la resurrección de Jesús, de que él está vivo. La fe auténtica del cristiano se manifiesta en la fe plena en la palabra de Dios que nos da la convicción de que Dios nunca nos abandona ni olvida, que Jesús nos prepara una morada en el cielo, de que fuimos revestidos de la fuerza del Espíritu Santo y de que nuestra fidelidad de manifiesta plenamente en la persecución.