He pedido consejo a los mares
de como escribir en mesas de espuma
vistiéndome el sol entre los ramajes que daban las algas
intentando ver corrientes y olas por los recorridos ocultos,
escondidos en dunas de arena.
.
La arena remansa allá en las orillas, y también olvida
enjambres, distancias, huellas en la historia,
sin querer se borran por esas caricias
que dan los desiertos que duermen, se juntan,
empujan los vientos hasta ser ribera.
.
¡Cuánto yo quisiera ser mesa en un tiempo!
o ser grito, paisaje, lluvias o ser la hierba
donde se repose tu pelo, tu estirpe, o todo ese amor
que en ti se te alberga desde las distancias
hasta tus otoños.
.
Los cielos y el mar aumentan tu imagen
hasta mi presencia, rompiendo corales,
desde el paraíso prohibido que encierras,
entre la memoria, momentos de historias
que guardas en ti, vistiendo la sed de senos,
de anillos, aquellos collares que el agua dibuja.
.
El Mar no es siempre de espuma, de fueros perdidos,
es como ese vino que muere en su copa
y duerme en tus labios,
es esa belleza que tiene tu sueño desde tu descanso,
es el miedo de ser oscuro, incierto,
como te imaginas que son los avernos.
.
A veces el mar se te vuelve isla, luz, amor y tierno
porque yo te espero siempre en una orilla,
con la magnitud de saberte eterna desde que te fuiste
desde que robaste desde mis adentro y desde tu marcha
para hacerlo tuyo todo nuestro amor.
Chema Muñoz©