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El club de los domingos es un encuentro dominguero. En él, quedamos para desayunarDiego, Kike, Aída y un servidor. Ahora los presento.
Y, ¿qué hacemos en el club de los domingos? Puesechar el rato hablando amigablemente de todo, de lo que pasa y de lo que nospasa, cómo dice Aída en la cabecera del podcast, porques es su voz la que seescucha en cada entrega de mis reflexiones en voz alta.
Ponemos en común la actualidad semanal y escomo una catarsis. Somos cuatro seres humanos con sentido común, creo, y alrepasar los acontecimientos más recientes nos quedamos a menudo desolados. Noperdemos la positividad y la sonrisa, pero hay veces que cuesta, sinceramente.
Esta semana nos despachamos con una tragediaen el norte de España. Seis jóvenes mueren al caer al mar y las rocas desde unapasarela de madera que se venció. La pasarela estaba en mal estado, alguien lohabía advertido a emergencias, a la policía local de turno, pero ahí quedó laadvertencia. Y como consecuencia de ladesidia seis vidas se truncaron. Seis futuros se perdieron para siempre. No fueun accidente casual sino causal. La causa de estas muertes estúpidas y gratuitaes la política. Porque en su día, un político decidió poner una pasarela artificialen un lugar peligroso para hacerse una foto y ganar popularidad. Pero pasa eltiempo, la foto se olvida, igual que la pasarela. Y como resultado, años después,el olvido pasa factura, pero no al político, no, sino a seis inocentes que teníantoda la vida por delante. Es que me hierve la sangre a mí, que no tengo nadaque ver con las víctimas así que imaginemos por un momento ser familiar, unpadre, una madre, un hermano de alguna de las víctimas. Imaginemos a la jovenque ha sobrevivido de ese grupo de siete amigos. Marcada para toda la vida psicológicamentepor este suceso que era EVITABLE.
By Ángel G. MorónEl club de los domingos es un encuentro dominguero. En él, quedamos para desayunarDiego, Kike, Aída y un servidor. Ahora los presento.
Y, ¿qué hacemos en el club de los domingos? Puesechar el rato hablando amigablemente de todo, de lo que pasa y de lo que nospasa, cómo dice Aída en la cabecera del podcast, porques es su voz la que seescucha en cada entrega de mis reflexiones en voz alta.
Ponemos en común la actualidad semanal y escomo una catarsis. Somos cuatro seres humanos con sentido común, creo, y alrepasar los acontecimientos más recientes nos quedamos a menudo desolados. Noperdemos la positividad y la sonrisa, pero hay veces que cuesta, sinceramente.
Esta semana nos despachamos con una tragediaen el norte de España. Seis jóvenes mueren al caer al mar y las rocas desde unapasarela de madera que se venció. La pasarela estaba en mal estado, alguien lohabía advertido a emergencias, a la policía local de turno, pero ahí quedó laadvertencia. Y como consecuencia de ladesidia seis vidas se truncaron. Seis futuros se perdieron para siempre. No fueun accidente casual sino causal. La causa de estas muertes estúpidas y gratuitaes la política. Porque en su día, un político decidió poner una pasarela artificialen un lugar peligroso para hacerse una foto y ganar popularidad. Pero pasa eltiempo, la foto se olvida, igual que la pasarela. Y como resultado, años después,el olvido pasa factura, pero no al político, no, sino a seis inocentes que teníantoda la vida por delante. Es que me hierve la sangre a mí, que no tengo nadaque ver con las víctimas así que imaginemos por un momento ser familiar, unpadre, una madre, un hermano de alguna de las víctimas. Imaginemos a la jovenque ha sobrevivido de ese grupo de siete amigos. Marcada para toda la vida psicológicamentepor este suceso que era EVITABLE.