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El dinero puede ser una bendición o una maldición, dependiendo de cómo lo usemos. Cuando honramos a Dios y bendecimos a los demás con nuestros recursos, es una evidencia del encuentro que hemos tenido con Dios.
Todos podemos enseñar. Cuando Dios nos enseña algo, no solo quiere que lo guardemos sino que lo compartamos con humildad, quitando toda intimidación.
Dios anhela que nuestro recurso mas valioso, el tiempo lo usemos más para poder conocer a Dios de tal manera que podamos palparlo, y eso nos lleve a encontrar su propósito.
Cuando permitimos que el Espíritu Santo gobierne nuestra vida, es cuando Él enseña, preside, corrige e instruye nuestra vida, y trae consigo las bendiciones que el Padre tiene para nosotros.
Cuando experimentamos las bendiciones de Dios a través de una persona, podemos confundirnos y dar crédito a la persona que vemos, pero es importante reconocer que todo viene de Dios y enfocarnos en Él.
Cuando Dios nos encomienda algo, nos capacita para realizarla aunque a veces pueda haber oposición, debemos creer y mantenernos fieles en Su palabra.
Es maravilloso ver el espíritu fraternal; el vínculo de amor que mantenía unidos a los miembros de la Iglesia primitiva. Ante circunstancia difíciles los creyentes se ayudan unos a otros.
La oración abre los cielos y puede mantenerlos abiertos, y el envía todas sus bendiciones y suple nuestras necesidades físicas, espirituales o emocionales atreves de la oración
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