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  • El Nihilismo en el Anticristo de Nietzsche
    José Vicente Peñarrubia
    El anticristo de Nietzsche:
    JAVIER PRADO GALÁN:
    ¡Creedme, hermanos míos, (ese Jesús hebreo) murió demasiado pronto! ¿Se hubiera retractado de su doctrina si hubiese vivido hasta mi edad?
    ¡Era bastante noble para retractarse!
    Zaratustra/Nietzsche
    El libro El anticristo1 aparece en 1888, un año después de la Genealogía de la moral libro de referencia ineludible para comprender la posición nietzscheana sobre la moral, y un año antes del desvarío definitivo de este filósofo, cuyo centenario celebramos el año pasado. Se trata de una imprecación contra el cristianismo. Nos toca a nosotros descifrarlo.
    MORAL ARISTOCRÁTICA VS MORAL DE RESENTIMIENTO
    Nietzsche desarrolla su moral aristocrática en oposición a la moral del resentimiento del cristianismo. Esta génesis se despliega en toda su magnitud en Genealogía de la moral. La moral aristocrática nietzscheana concibe lo bueno como todo lo que eleva el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en el hombre. Por tanto, concibe como lo malo todo lo que procede de la debilidad. La felicidad será el sentimiento de que el poder crece. Se presienten aquí las resonancias spinozianas. El vicio es la compasión activa con todos los malogrados (A, II­28). De inmediato se advierte que lo opuesto a la moral aristocrática es la moral de resentimiento. La moral del resentimiento, la moral judeocristiana, representa para Nietzsche la frontal oposición a la moral aristocrática. El filósofo afirma que "uno pierde fuerza cuando compadece" (A, VII­31). La compasión nos lleva a entregarnos a la nada. El cristianismo constituye una forma refinada de nihilismo. Aunque también es necesario señalar que Nietzsche, siempre contradictorio, llega a afirmar en Más allá del bien y del mal que "el hombre noble, él también, viene en ayuda de los desgraciados, no por compasión, o casi no por compasión, sino más bien por un impulso que crea la superabundancia de fuerzas".2
    La moral aristocrática que preconiza Nietzsche emparienta con el escepticismo. "...los grandes espíritus son escépticos. Zaratustra es un escéptico. (...) El estar libre de toda especie de convicciones... 'forma parte' de la fortaleza" (A, LIV­93). Las convicciones, en cambio, se relacionan con la mentira y no con la verdad, como se suele decir. Aquí Nietzsche se refugia en la etimología de la palabra "escepticismo": eskeptomai que quiere decir "mirar cuidadosamente". Cioran prolonga el pensamiento nietzscheano con su aforismo: "Sólo tiene convicciones quien no ha profundizado en nada".3
    EL CRISTIANISMO, ¿UNA RELIGIÓN PARA EL ENVILECIMIENTO?
    El cristianismo es, para Nietzsche, lo que ha tomado partido por todo lo bajo. Esto lo ha llevado a vincularse con la nada. "Ni la moral ni la religión tienen contacto, en el cristianismo, con punto alguno de la realidad" (A, XV ­39). Por esta razón, además de nihilista, el cristianismo debe ser tenido por acientífico. "Cristiano es el odio al espíritu, al orgullo, al valor, a la libertad, al 'libertinage' del espíritu; cristiano es el odio a los 'sentidos', a la alegría de los sentidos, a la alegría en cuanto tal..." (A, XXI­46). Evidentemente, se trata de una interpretación del cristianismo muy propia de Nietzsche. Porque por lo menos, el cristianismo de Cristo y de los cristianos verdaderos seguidores de Jesús, se caracteriza exactamente por eso: por amar al espíritu, al valor, a la libertad e incluso, a la alegría. Nietzsche añade en El anticristo que no ha encontrado en el Nuevo Testamento un solo rasgo simpático (A, XLVI­80). Es verdad que San Juan Crisóstomo llegó a decir que "Cristo nunca se rió". Pero esto no pasa de ser una hermenéutica más de la "seriedad" del Nazareno.
    Además de la compasión, el pensador alemán rechaza violentamente la doctrina de la igualdad ante Dios que ha pregonado el cristianismo durante siglos. "El veneno de la doctrina 'idénticos derechos para todos' es el cristianismo el que lo ha diseminado de modo más radical..." (A, XLIII­75). Esta doctrina es el pretexto para el rencor del débil y oprimido. El sentimiento menos evangélico de todos, la venganza, fue el que se impuso con el cristianismo.
    No podía ser de otro modo: la moral de los señores, la herrenmoral nietzscheana, no puede admitir dicha igualdad. Unos están por encima de otros. Aunque vale decir que Nietzsche, en Genealogía de la moral, advierte que los señores no caen en el viejo mecanismo de la comparación con los oprimidos para afirmarse como superiores. Quienes realizan esta comparación en reacción son precisamente los débiles. Por eso "el cristianismo tiene en su base el rencor propio de los enfermos, el instinto dirigido 'contra' los sanos, 'contra' la salud" (A, LI­89). Y lo dijo no precisamente un sano. Nietzsche estuvo enfermo toda su vida. La mayor parte del año sufría horrendos dolores de cabeza.
    Desde un cristianismo liberador vale la pena advertir que la opción por los pobres no postula una resignación en espera del más allá, sino más bien, la organización ya en esta tierra para mejorar las condiciones de vida de los débiles. Se trata de un cristianismo que asume la escatología del "ya, pero todavía no". El reinado de Dios ya está aquí, de manera incipiente. Se trata, por tanto, de un cristianismo de fuerza y contestatario.
    CRISTO, EL ÚNICO CRISTIANO DIGNO
    Nietzsche exhibe una imagen de Cristo un tanto ambigua. Por un lado, afirma que Cristo murió por su culpa, que no murió por los pecados de otros. Pero, por otra parte, el filósofo de Sils-María califica a Cristo de "espíritu libre": "ninguna cosa fija le importa: la palabra 'mata', todo lo que está fijo 'mata'" (A, XXXII­62). Evoca aquí la posición de rechazo de Jesús hacia la ley: "el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado". Cristo tomó por real el mundo interior; el resto, lo concibió como natural, temporal e histórico. Sólo ha habido un cristiano, y ése murió en la cruz, apunta Nietzsche. Esta última expresión podría ser suscrita por cualquiera de nosotros en un acto de humildad. La entrega de Jesús en la cruz no tiene parangón. Nuestro seguimiento continúa siendo nimio e insignificante con relación al de Cristo. La moral aristocrática del guerrero, la que afirma los valores vitales, bien podría ser encarnada por Cristo si atendemos a su más prístino sentido. El guerrero dice sí a la vida y se encarga de la compasión en tanto esto afirma la vida. Jesús fue el sí del Padre, el sí a la Vida. Cualquier exégesis correcta de los Evangelios desemboca en esta conclusión.
    EL DIOS CRISTIANO, ¿UN "NO" A LA VIDA?
    Es ya proverbialmente conocida la elección de Nietzsche por el dios venidero Dionisos. Dios de la exaltación y de la locura. En Así hablaba Zaratustra llega a confesar: "Yo no podría creer más que en un dios que supiese bailar".4 Por eso Nietzsche descalifica la noción cristiana de Dios. El Dios cristiano es el Dios de los enfermos, el Dios araña, el Dios espíritu. Este Dios, para el autor de Zaratustra, es la "contradicción de la vida", en lugar de ser su transfiguración y su eterno sí (A, XVIII­43). De nuevo volvemos a nuestra reflexión anterior. Sin intentar efectuar una equivalencia entre Dionisos y el Dios cristiano, Padre de todos los hombres, no podemos dejar de reiterar que el Dios cristiano no contradice la vida. Quizá es el fondo de lo que Machado quiso decir con "no quiero cantar ni puedo a ese Jesús del madero sino al que anduvo en la mar".
    LA OPCIÓN POR EL BUDISMO COMO RELIGIÓN QUE CUMPLE
    El anticristo es expresamente una maldición al cristianismo. Ya lo hemos observado. El cristianismo se parece al anarquismo en el hecho de que ambos tienden a la destrucción. El cristianismo se asemeja al alcoholismo en que ambos tienden a la corrupción. Pero vale la pena ver cómo quedan situadas las demás religiones en el pensamiento de Nietzsche. Valga esto para afinar nuestro discernimiento sobre las religiones históricas.
    Primero el protestantismo. Dentro del cristianismo quien queda más mal parado es el protestantismo. Nietzsche lo llama "la hemiplejía del cristianismo y de la razón". No explicita Nietzsche en esta obra las razones, pero las podemos suponer. El filósofo afirma que el protestantismo es el pecado original de la filosofía alemana. Su repudio a dicha filosofía, en particular a Kant y su deber ser, es de sobra conocido. De aquí se puede colegir su rechazo al protestantismo, quizá en lo que tiene de puritano, de calumniador del placer.
    En cambio, la opinión de Nietzsche sobre el budismo es francamente condescendiente: "El budismo es la única religión auténticamente 'positivista' que la historia nos muestra... él no dice 'lucha contra el pecado', sino, dando totalmente razón a la realidad, 'lucha contra el sufrimiento'" (A, XX­44). Lo que a Nietzsche le embelesa del budismo es su lucha contra el dolor. Todos sabemos que dicha doctrina intenta superar el dolor mediante la anulación del deseo en el Nirvana. El poner en el centro de la lucha vital la lucha contra el dolor es lo que al filósofo de Sils­María le fascina. Aquí se percibe el influjo de Schopenhauer. Por esta misma razón, reprueba a Epicuro, porque es un decadente típico por mostrar miedo al dolor. Epicuro preconiza los placeres, pero no enfrenta la realidad de la vida: el dolor. Amor fati, amor al destino con todo su dolor, es lo que predica Zaratustra.
    La diferencia entre el budismo y el cristianismo estriba en que el budismo no promete, sólo cumple; en cambio, el cristianismo promete todo y no cumple nada (A, XLII­73). Se refiere obviamente a la promesa de la vida eterna que, según Nietzsche, es la promesa de algo que no existe, que no tiene consistencia. Aunque también vale la pena señalar que Nietzsche reprueba el método budista para suprimir el dolor: la anulación del deseo.
    Del Islam sólo elogia su desprecio por el cristianismo. Dice que tiene derecho a hacerlo pues los musulmanes sí son varones, en cambio, los cristianos devienen mujeres. Se refiere obviamente al espíritu guerrero musulmán y materializado en su Guerra Santa. De nuevo se muestra injusto con los cristianos testigos de la verdad.
    PILATO, ¿LO ÚNICO RESCATABLE DEL NUEVO TESTAMENTO?
    Nietzsche opone en El anticristo a dos figuras del Nuevo Testamento: por un lado, a Pablo, de quien dice que sólo buscó el poder y la venganza. Y por otro a Pilato, el gobernador romano, de quien dice que es la "única" figura a honrar en todo el Nuevo Testamento. A Pilato lo honra por despreciar la confesión de Jesús "yo soy la verdad". "¿Qué es la verdad?", se pregunta el pretor con extrañeza. A Nietzsche lo seduce el escepticismo de Pilato. La historia de Flavio Josefo atestigua que Pilato fue un hombre infinitamente cruel, amigo de la mentira y la maldad. Lo que Nietzsche admira en él es su desprecio por la verdad dogmática. Aunque no debemos olvidar que Pablo defendió la verdad de la fe y no la de las obras de la Ley. La figura de Pablo puede y debe ser reivindicada.
    El anticristo culmina con la promulgación de una "Ley contra el cristianismo". Dicha ley prescribe el repudio contra esta religión y sus sacerdotes por ir contra la naturaleza. Nosotros nos seguiremos preguntando qué hubiera opinado Zaratustra de los cristianos liberadores, de los cristianos que predican la fuerza y el arrojo en la lucha contra la injusticia. Quizá también los hubiese descalificado. Aunque aquí el argumento de base tendría que ver con la intención del cristiano radical de buscar la supresión utópica del dolor en el futuro, cuando lo que el eterno retorno de las cosas preconiza es la aceptación trágica del dolor en el presente.
    51 min
  • La fábula de las abejas de Bernard de Mandeville
    José Vicente Peñarrubia
    En 1705, Mandeville publicó un poema largo bajo el título de The Grumbling Hive, or Knaves Turn'd Honest (La colmena refunfuñona, o los bribones vueltos honrados), que en 1714 fue publicado de nuevo con un comentario en prosa (Remarks, "Comentarios") bajo el nuevo título Fable of the Bees: or, Private Vices, Publick Benefits (La fábula de las abejas: o, vicios privados, públicos beneficios) y un ensayo, An Enquiry into the Origin of Moral Virtue (Una pregunta en el origen de la virtud moral). Esta edición no pasó desapercibida a los moralistas, quienes creyeron justificadamente que se trataba de un ataque a los valores morales del cristianismo por parte de un liberal sin escrúpulos. Y, en efecto, Friedrich Hayek vio en esta obra a una precursora del liberalismo económico...
    14 min
  • La democracia en America Alexis de Tocqueville
    José Vicente Peñarrubia
    El viaje de nueve meses que realizara en 1831 Alexis de Tocqueville (1805-1859) a través de Estados Unidos en busca de información sobre las reformas del sistema penitenciario norteamericano inspiró una de las más importantes obras de teoría política y de interpretación histórica de la época contemporánea. "La democracia en América" es un libro clásico gracias a la peculiar combinación de observaciones precisas, generalizaciones audaces e intuiciones geniales mediante las que el autor supo captar las grandes tendencias que configurarían la sociedad burguesa del futuro. Publicado en 1835, el primer volumen consagró a Tocqueville como el «heredero lógico de Montesquieu». El segundo, aparecido en 1840, reflexiona acerca de la influencia de la democracia sobre el movimiento intelectual, los sentimientos y las costumbres de los norteamericanos, realizando una caracterización general de la civilización igualitaria...
    19 min
  • El verdadero creyente de Eric Hoffer
    José Vicente Peñarrubia
    El intelectual (autodidacta) estadounidense Eric Hoffer escribió hace más de 50 años esta célebre obra que trata de dar una explicación a la naturaleza de los movimientos de masas, a partir del análisis del perfil de los individuos que se adhieren a ellos. La convulsa situación social y cultural que se vive hoy podrían recomendar una revisión de las teorías de Hoffer. Los interesados encontrarán aquí un repaso a múltiples formas de fanatismo que se han dado en la historia y que el autor interpretaba como expresiones de un mismo fenómeno.
    Los movimientos de masas quizá se hayan originado siempre de un modo similar: ya sea, por citar algunos, los que surgieron antes de la II Guerra Mundial como casi un siglo más tarde tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Los objetivos y valores de un fanático religioso, político o revolucionario seguramente sean muy distintos, pero, cabe la posibilidad de que lo que les haga aterrizar en un movimiento social concreto se repita una y otra vez...
    https://www.dontknow.net/
    9 min
  • El pensamiento filosófico de Leibniz
    José Vicente Peñarrubia
    Leibniz (1646-1716)
    EL pensamiento de Leibniz es claramente ecléctico. En su obra pueden encontrarse críticas a Descartes y a Spinoza con el objeto de descartar aquellos aspectos difíciles de conciliar en una síntesis que fucione la escolástica y el cartesianismo.
    La unidad de los espíritus
    Condicionado por el contexto histórico (se buscaba en Europa un "equilibro de fuerzas", basado principalmente en le conflicto), la unidad de los espíritus, respetando su pluralidad, será una preocupación central del proyecto filosófico de Leibniz. El nuevo orden que propone se basa en la idea de armonía en donde intereses contrapuestos pueden complementarse solidariamente. Al igual que Descartes y Spinoza, propone una unificación de todas las ciencias, pero su intención va más allá: la unificación de la ciencia abrirá el camino a la unificación de los espíritus
    Racionalismo
    El método de Leibniz tiene también las cracterísticas deductivo-matemáticas características del racionalismo. El objetivo de su matematización es la de analizar términos complejos para llegar a otros más simples e indefinibles, los cuales serían simbolizados al punto de crear un lenguaje universal que (al ser utilizado mediante claras reglas deductivas), impediría la aparición de nuevas teorías.
    Innatismo
    Contrariamente a Locke intentará probar la existencia de ideas innatas. De acuerdo a su proyecto filosóficos, estas ideas serían las "semillas" que permitirían llegar a un acuerdo entre todo los hombres.
    Monadología
    La doctrina de la mónada, anula la distinción prevista por Descartes respecto a la extensión y el pensamiento y propone una multiplicidad infinita en el universo. Se dirá pues que, habiendo múltiples substancias compuestas, cada una de ellas se compone, de otras substancias.
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    "Cada porción de la materia puede ser concebida como un jarídn lleno de plantas y un estanque lleno de peces. Pero cada rama de un a planta, cada miembro de un animal, cada gota de sus humores, es todavía un jardín o un estanque..."
    Leibniz critica el concepto cartesiano de "cuerpo" o substancia corpórea. Postula, en cambio, que las substancias compuestas son divisibles. Sin embargo, esta divisibilidad no es infinita, al llegar a sus últimos elementos o partes ya indivisibles, ya no hay extensión, ni figura, ni divisibilidad. Estos elementos simples son también substancias (átomos de la Naturaleza), es decir unidades: mónadas.
    Las mónadas son pues, fuerzas primitivas, simples, inextensas e impenetrables y por todo ello, la actividad es interior y "anímica". Podría decirse pues, que toda mónada es un "alma", aunque en la mayoría de las mónadas la percción no es conciente porque hay una multitud de pequeñas percepciones y un estado general de "embotamiento". La conciencia (junto con la sensación y memoria) aparecerá en los animales y en el hombre, existirán además la razón y la autoconciencia.
    La armonía
    A diferencia de Spinoza Leibniz no verá en éste un mundo necesario sino uno de los tantos posibles de concebir en la mente divina. No es posible, por lo tanto, deducir la existencia del mundo, es algo contingente (no necesario), y una verdad "de hecho". No es factible explicar por qué es así y no de otro modo. Entonces, de todos los mundos posibles, Dios elije "el mejor".
    Optimismo absoluto
    Al concebir el mundo como "el mejor posible", es razonable esperar que deba reinar en él la más perfecta armonía.
    Y en este mundo en perfecta armonía, los espíritus pueden hallar una armonía aún superior en la medida que son también "imágenes de la divinidad y capaces de conocer el sistema del universo"...
    (filosofia.idoneos)
    46 min
  • Spinoza una Cartografia de la Etica
    José Vicente Peñarrubia
    Os recuerdo que como profesor asesoro en: TRABAJOS, INVESTIGACIONES, TESINAS, TESIS: asesoro a quienes tienen que realizar trabajos, investigaciones, tesinas, tesis, etc. de filosofía y otras disciplinas de humanidades (sociología, políticas, historia, etc.).
    REALIZACIÓN DE ENSAYOS Y ARTÍCULOS: asesoro a todas aquellas personas que están interesadas en realizar un ensayo relacionado con la filosofía o las humanidades; se trata de cuestiones metodológicas, de fuentes, etc. También a quienes quieren realizar un artículo.
    Para contactar conmigo: • 637 965 368 • [email protected]
    30 min
  • El principio de indeterminacion de Heisenberg
    José Vicente Peñarrubia
    El Principio de indeterminación o incertidumbre de Heisenberg establece que es imposible conocer simultáneamente la posición y la velocidad del electrón, y, por tanto, es imposible determinar su trayectoria. Cuanto mayor sea la exactitud con que se conozca la posición, mayor será el error en la velocidad, y viceversa. Solamente es posible determinar la probabilidad de que el electrón se encuentre en una región determinada.
    Una manera bastante difundida de interpretar este Principio consiste en imaginar lo que sería la medida de la posición y velocidad de un electrón: para realizar la medida (para poder "ver" de algún modo el electrón) es necesario que un fotón de luz choque con el electrón, con lo cual está modificando su posición y velocidad; es decir, por el mismo hecho de realizar la medida, el experimentador modifica los datos de algún modo, introduciendo un error que es imposible de reducir a cero, por muy perfectos que sean nuestros instrumentos.
    Sin embargo, esta lectura o interpretación no es exacta ni suficiente, ya que el contenido del Principio de Indeterminación no hace referencia tanto a las dificultades, características o precisión de una medición empírica determinada, como a las características ondulatorias de las partículas o la materia en general, que a distancias o escalas muy pequeñas se torna completamente determinante, y por ende sólo permite conocer la posición y velocidad de una "partícula" con el grado de precisión que se puede obtener en la medición de estas cantidades para una onda o paquete de ondas.
    Este Principio, enunciado en 1927, supone un cambio básico en nuestra forma de estudiar la Naturaleza, ya que se pasa de un conocimiento teóricamente exacto (o al menos, que en teoría podría llegar a ser exacto con el tiempo) a un conocimiento basado sólo en probabilidades y en la imposibilidad teórica de superar nunca un cierto nivel de error...
    (http://enciclopedia.us.es/)
    10 min

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