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Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29:11
En su infinita creatividad, Dios nos dio el valioso don de planificar, un regalo que nos permite ser responsables con lo que tenemos en nuestras manos. Sin embargo, a veces, en nuestro afán de asegurar el futuro, dejamos que este regalo se transforme en duda, ansiedad y preocupación. Es importante recordar que planificar nos ayuda a avanzar con sabiduría, pero la preocupación nos ciega y nos impide valorar plenamente lo que ya poseemos hoy. Al cerrar este año, entreguemos nuestro presente y futuro al cuidado perfecto de Dios, confiando en que Él tiene el control de cada detalle de nuestra vida
En cualquier situación Jesús nos comaprte lecciones, nosotros decidimos a la velocidad a la que queremos hacerlo. Ser un aprendiz activo te permite mirar de forma integral las enseñanzas en la cotidianidad mientras que ser un aprendiz pasivo te hace repetir una y otra vez situaciones que te entrenan para se más como Jesús. ¿Qué aprendiz quieres ser hoy?
Hay un famoso refrán que dice "la espera desespera" y es que la paciencia en si requiere fortaleza de caracter y cuando la mezclamos con la sabidúría de JEsús tenemos el espacio perfecto para fortalecer nuestra fe, nuestro caracter y mirar a Dios mientras caminamos en la espera.
Cada día nos enfrentamos a un gigante poderoso: nuestra propia mente, que con frecuencia nos susurra que no somos capaces, que no tenemos lo necesario. Sin embargo, Jesús nos ha dado la fuerza para superar esas barreras internas. Si confiamos en Su poder y en Su sabiduría que habita en nosotros, podemos aprender a vencernos a nosotros mismos diariamente.
Que Jesús haya nacido en un pesebre y vivido una infancia humana nos invita a reflexionar sobre uno de los momentos más vulnerables de su existencia. A pesar de ser el Hijo de Dios, experimentó la necesidad de depender de una familia, de recibir el cuidado y el amor de otros para crecer. Esta realidad nos muestra que, a través de su humildad y fragilidad, Jesús se acerca a nuestra propia humanidad. Su historia no solo nos recuerda su divinidad, sino también su cercanía, ofreciéndonos esperanza al saber que su corazón está profundamente unido al nuestro.
Que Jesús naciera en un humilde pesebre no es solo un símbolo de sencillez material, sino una profunda muestra de empatía con quienes sufren. Su llegada refleja la cercanía de Dios con los migrantes, con los padres y madres angustiados, con las familias que atraviesan crisis. Es un recordatorio poderoso de que Dios no es indiferente a nuestro dolor: Él sufre con nosotros. Jesús vino a caminar a nuestro lado y a ser la luz de esperanza que ilumina los momentos más oscuros de nuestra vida.
Después de tantas cenas, amigos secretos, regalos y decoraciones, finalmente llegamos al día que da verdadero sentido a esta celebración. Hoy conmemoramos la llegada de Jesús a este mundo, un momento que transformó la historia y nuestras vidas para siempre. Sin ese regalo de amor, nada sería igual. Tomémonos un momento para recordar juntos quién es Jesús y lo que Su llegada significa en nuestras vidas.
El verdadero valor de algo o alguien no se mide por su precio monetario, sino por el impacto emocional y profundo que genera en nuestras vidas. Reconocer esta diferencia es esencial, y fue una de las razones que llevaron a Jesús a dedicar tiempo, sabiduría y recursos a sus discípulos. Tomemos un momento para reflexionar sobre esto juntos.
Jesús es el regalo más grande para la humanidad. Él nos trae esperanza, nos guía en la verdad, nos muestra el mejor camino a seguir y nos da la libertad de vivir en plenitud. Hoy, tomémonos un momento para reflexionar juntos sobre Jesús: el camino, la verdad y la vida.
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