La Biblia dice: “Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6).
Hoy es viernes de oración, día de detenernos, de doblar las rodillas y de inclinar el corazón en la presencia del Dios vivo. No oramos a un ídolo muerto, sino al Dios todopoderoso que hizo los cielos y la tierra, el que venció la muerte y vive por los siglos de los siglos.
La fe es el ingrediente indispensable en la oración: creer que Dios oye, responde y tiene la última palabra sobre todas las cosas. Por eso, este tiempo de búsqueda no es para correr ni distraerse, sino para beber del agua viva y ser renovados en Su presencia.