El Espíritu de Dios, esta vez, parece haber actuado poderosamente en la mente de Job. Aquí da testimonio de una buena confesión; declara la firmeza de su fe y la seguridad de su esperanza
Job sintió que Dios estaba tratándolo como un enemigo, cuando, en realidad, Dios era su amigo. En medio de la dificultad, Job señaló a la persona equivocada. Era Satanás, no Dios, el enemigo de Job
Bildad en este segundo discurso, describe la condición miserable de un impío; en lo cual hay verdad abundante y certera, si consideramos que el pecado es un triste estado y será la destrucción de los hombres si no se arrepienten. Aunque Bildad piensa que es fácil aplicar esto a Job, sin embargo, no era seguro ni justo
Job cae nuevamente en la desesperación, pero no es una que le quita su creencia en su propia inocencia; es una desesperación causada por el hecho de que cree que nunca será demostrada su inocencia. ¿Qué puede esperar para el futuro? la muerte esta en contraste con la esperanza
El estado de Job era muy deplorable; pero tenía el testimonio de su conciencia a su favor, que nunca se permitió incurrir en un pecado atroz. Nadie estuvo jamás tan dispuesto a reconocer los pecados de la debilidad.
Cuando se está bajo convicción de pecado, de los terrores de la conciencia o ante las garras de la muerte, sólo el bendito Espíritu puede consolar eficazmente; sin Él, todos los otros lo hacen mal y sin propósito. Cualesquiera sean las penas de nuestros hermanos, debemos hacerlas propias por simpatía; que pronto lo sean.
Elifaz sigue lacerando y sostiene que los malos son ciertamente desgraciados: de lo cual inferirá que los desgraciados son ciertamente malos y, por tanto, Job lo era
Elifaz empieza un segundo ataque a Job en lugar de ablandarse con sus quejas. Acusa injustamente a Job de abandonar el temor de Dios y toda consideración hacia Él, y de reprimir la oración