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Actos de bondad
Estera, te llegó un regalo de nuestra amiga Helen!, me dijo mi madre cuando llegó a casa. Durante mi niñez, no teníamos muchas cosas; por eso, recibir un regalo por correo era como una segunda Navidad. Me sentí amada, recordada y valorada por Dios a través de esa maravillosa mujer. Seguramente, las viudas pobres a las que Tabita (Dorcas) les hacía ropa sintieron lo mismo. Tabita era discípula de Jesús, vivía en Jope y todos la conocían en la comunidad por sus actos de bondad, ya que abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía (HECHOS 9:36). Cuando se enfermó repentinamente y murió, Pedro estaba en una ciudad cercana, así que dos creyentes fueron a buscarlo y le rogaron que fuera a Jope.
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Sumergirse en la gracia
Finalmente, el 8 de enero de 1964, Randy Gardner, de 17 años, hizo algo que no había hecho durante 11 días y 25 minutos: se quedó dormido. Quería superar el récord mundial Guinness de mantenerse despierto. Bebiendo refrescos y jugando al básquet y a los bolos, evitó dormir una semana y media. Antes de colapsar, sus sentidos del gusto, olfato y audición se descontrolaron. Décadas después, Gardner sufrió de graves ataques de insomnio. batió el récord, pero también confirmó lo innegable: dormir es fundamental.
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Fuera de contexto
Mientras esperaba para subir al avión, alguien me tocó el hombro. Me di vuelta y recibí un cálido saludo: Elisa! ¿Te acuerdas de mí? Soy Joan). La conocía, pero no sabía de dónde. ¿Había sido mi vecina? ¿Una compañe ra de trabajo? Ay... no me acordaba. Percibiendo mi lucha, respondió: «Nos conocimos en la secundarias. Y entonces recordé: los partidos de fútbol de los viernes por la noche, alentando desde las tribunas. En cuanto se aclaró el contexto, la reconocí.
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La batalla
Mientras ráfagas de artillería caían a su alrededor y hacían temblar la tierra, el joven soldado oro: Señor, si me sacas de esta, iré al instituto bíblico al que mi madre quería que fuera». Y Dios contestó su especifica oración. Mi padre sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, fue al Instituto Bíblico Moody y dedicó su vida a servir al Señor.
Visto por Dios
Mi primer par de lentes abrió mis ojos a un mundo nuevo. Como soy miope, veo claramente los objetos que están cerca, pero veo borroso los que están lejos. A los doce años, con mis primeros anteojos, quedé maravillada al ver con claridad palabras en las pizarras, hojas pequeñas en los árboles y-quizá lo más importante-son risas amplias en los rostros.
Reconocimiento
E en la década de 1960, se popularizaron unas pinturas de personas y animales con ojos enormes y tristes. Algunos las consideraban de mal gusto y a otros les encantaban. E esposo de la artista empezó a promocionarlas, pero la firma de ella - Margaret Keane - no aparecía en las pinturas, ya que su esposo las presentaba como suyas. Por mie do, ella no dijo nada durante 20 años, hasta que el matrimonio termino.
Vivir con las luces encendidas
Una tarea que nos asignaron en el trabajo hizo que un compañero y yo viajáramos 450 kilómetros. Cuando salimos, ya oscurecía, y para un cuerpo y ojos avejentados como los míos, me inquieta un poco conducir de noche. No obstante, decidí manejar primero. Me aferré al volante y fijé la mirada en el camino apenas iluminado.
Descubrir mi verdadero yo
¿Quién soy? Esta es la pregunta que se hace un descolorido animal de peluche en el libro para niños titulado Nothing [Nada), de Mick Inkpen. Abandonado en un rincón polvoriento de un ático, el animal oye que los transportistas de mudanzas lo llaman nada y el piensa que ese es su nombre: Nada. Al encontrarse con otros animales, sus recuerdos se despiertan. Nada se da cuenta de que solía tener cola, bigotes y rayas. Pero recién cuando se encuentra con un gato atigrado que lo ayuda a encontrar su camino a casa, Nada recuerda quién es en verdad: un gato de peluche llamado Toby. Con amor, su dueño lo restaura, cosiéndole nuevas orejas, cola, bigotes y tiras.
Amor y paz
siempre me asombra cómo la paz -esa paz poderosa e inexplicable (FILIPENSES 4:7)- puede llenar nuestro corazón aun en el dolor más profundo. Hace poco, lo experimenté en el funeral de mi padre. Mientras muchos i Lo sorprendente fue que el hombre dos pasaban a dar su pésame, me ayudó ver a una de la escuela secundaria. Sin decir nada, me abrazó fuerte. Su empatía silenciosa me inundó con el primer sentimiento de paz aquel día triste y difícil, y me recordó que no estaba sola.
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