Guillermo se mudó a un pueblo para pastorear una iglesia. Después de algunos éxitos al principio de su ministerio, una persona del lugar se le puso en contra.
Así alumbre vuestra luz [...], para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (v. 16).
Cuando mi esposo y yo nos preparábamos para mudarnos al otro extremo del país, queríamos asegurarnos de permanecer en contacto con nuestros hijos ya adultos.
... nos ha dado preciosas y grandísimas promesas... (v. 4).
En nuestros mayores fracasos, puede ser fácil creer que es demasiado tarde para nosotros; que hemos perdido la última oportunidad de tener una vida digna y con propósito.