Los discípulos han de reconocer el mal. La fe adulta nos ha mostrado el mal que habita entre nosotros. Y en nosotros. Esto es una realidad. El mal no solo nos enferma y engendra guerras, sino que nos avasalla, nos encadena. Es el que hace posible que el maltrato comience siendo de palabras para transformarse en actos de violencia. Así que ahora tenemos una posible respuesta a la pregunta de ¿por qué necesitamos a Jesús?