“Oh SEÑOR, tú me has examinado y conocido. Tú conoces cuando me siento y cuando me levanto; desde lejos entiendes mi pensamiento.
Mi caminar y mi acostarme has considerado; todos mis caminos te son conocidos.
¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia?
Si subo a los cielos, allí estás tú; si en el Seol hago mi cama, allí tú estás.
Si tomo las alas del alba y habito en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano y me asirá tu diestra.
Porque tú formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias, porque has hecho maravillas.
Maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien.”
Salmos 139