Sí, aunque parezca raro el título, así es. A pesar de toda la violencia que sufrí por parte de mi padre y otras personas de mi familia o desconocidas, nadie me dijo tantas crueldades como me dije a mi misma.
Obvio que no es que yo me inventé insultos o cosas para recriminarme. Fue el entorno el que me dio catedra para yo crear una voz critica en mi cabeza que a veces no me deja en paz aun hoy en día.
Como conté en el episodio anterior, desde los 12 años que tengo problemas, trastornos alimenticios generados e impulsados por familiares cercanos.
Pero había algo que me hacia sentir que nunca iba a poder estar bien. Que por mas que yo me imaginara el futuro soñado haciendo lo que me gusta, había algo en el día a día que me hundía: Era yo misma. Y lo descubrí escribiendo. Escribiendo sobre las cosas que no me gustaban de mi y de lo que ya estaba cansada.
¿Saben lo que hacia todas las mañanas apenas me levantaba? Iba al baño, me paraba frente al espejo, me agarra la panza y mirándome a los ojos me decía las peores cosas que se puedan imaginar.
Sí, a mi misma. Me decía cosas horribles, super hirientes. Que obvio, cuando empecé a hacerlas consiente y hasta las escribí encontré patrones de palabras y frases que ya antes había escuchado. Pero yo le agregaba mas palabras dolorosas, mas frases, mas imágenes, mas crueldad.
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Aviso: El siguiente episodio esta destinado solo para personas adultas. También hago esta aclaración porque voy a hablar sobre temas que te pueden sensibilizar y quizás estás en un momento en el que preferís no escuchar sobre temas sensibles. Si es así, poné pausa y hacé o escuchá otra cosa que te haga sentir bien. Y si te quedás escuchando el episodio, gracias, muchas gracias.
**El contenido que comparto está basado en mi experiencia y en lo que voy aprendiendo en el proceso de resignificación de mi historia de vida. Todo lo expuesto no reemplaza un espacio terapéutico ni el trabajo de las personas especialistas en salud mental.**