¿Te imaginas cómo viven las personas que no conocen la compasión de Dios, que piensan que deben llevar su culpa a la tumba, que tiemblan ante la perspectiva de la muerte porque no conocen al Padre ni a Cristo, ni saben nada del cielo glorioso que Dios tiene para sus hijos en la eternidad? A ellos Dios nos ha llamado a darles testimonio de nuestra fe, guiados por su Espíritu Santo.