La Biblia habla que cuando el pueblo de Israel estaba a punto de entrar a la tierra prometida, Dios le hace una advertencia, de recordar que no era por su fuerza o inteligencia que iba a conquistar dicha tierra, sino que era Dios, quien le daba el poder para hacer riquezas.
El proposito de Dios es bendecirnos, pero no quiere que olvidemos que es El quien nos da la bendición y como dice su palabra: La bendición de Dios es la que enriquece y no añade tristeza con ella.