El Dios conoce nuestro corazón sabe cuánto daño nos causa el temor. Sabe que el miedo nos paraliza, nos impide avanzar, no nos permite creer ni apoydarnos en las promesas divinas. El temor hace que veamos todos los caminos cerrados. Por esto, la Palabra de Dios nos invita a no temer, porque Él está con nosotros.