Jesús salió de Judea y fue a Galilea, en el camino, cansado y sediento se sentó junto al pozo de Jacob. Cerca del mediodía llegó a sacar agua una mujer Samaritana, lo cual era inusual ya que de acuerdo con la tradición usualmente las mujeres iban en grupo a sacar agua por la mañana o por la tarde para evitar el calor del sol; si la mujer vino sola a medio día esto podría indicar que estaba aislada o evitando el contacto con otras personas. Jesús le pide a esta mujer que le dé agua para beber, y ella se sorprende que un hombre judío le hable y además le esté pidiendo un favor. Sabemos por el relato que Jesús le habla del agua viva que él podía darle, la cual no sólo le apagaría la sed, sino que se la suprimiría a lo que la mujer responde: “Dame de esa agua para que ya no tenga que venir aquí”
La respuesta de la mujer demuestra que no entendió las palabras de Jesús, ella creía que esa agua era de carácter físico, pero su respuesta no es muy diferente de como muchas personas responden al evangelio hoy en día. El hombre y mujer moderna quieren oír que hay una fórmula, una solución, para que nunca más vuelvan a trabajar, para que nunca más se vuelvan a enfermar, o a estar triste, para que nunca falte el dinero, el éxito y la felicidad.