El Dios eterno y santo se metió en la historia de este mundo atribulado y desesperanzado, donde la mentira y la mezquindad abundan, entrando en el seno de una joven virgen de nombre María. Dios se hizo carne, ser humano como nosotros pero sin pecado, para padecer nuestras tristezas y dolores y para cargar con el castigo que nuestro pecado merecía.