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La disciplina es uno de los regalos más profundos que Dios nos da para moldear nuestro carácter. No siempre es cómoda, no siempre es inmediata y muchas veces nos confronta con nuestras propias debilidades. Pero es precisamente en ese proceso donde Dios trabaja de manera más íntima en nosotros. La disciplina no es castigo; es formación. Es el cincel que pule, la mano que guía, la luz que corrige el rumbo. Cuando permitimos que Dios nos discipline, estamos permitiendo que Él nos prepare para lo que aún no vemos, para lo que aún no entendemos, pero que forma parte de su propósito eterno.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
By Israel MezaLa disciplina es uno de los regalos más profundos que Dios nos da para moldear nuestro carácter. No siempre es cómoda, no siempre es inmediata y muchas veces nos confronta con nuestras propias debilidades. Pero es precisamente en ese proceso donde Dios trabaja de manera más íntima en nosotros. La disciplina no es castigo; es formación. Es el cincel que pule, la mano que guía, la luz que corrige el rumbo. Cuando permitimos que Dios nos discipline, estamos permitiendo que Él nos prepare para lo que aún no vemos, para lo que aún no entendemos, pero que forma parte de su propósito eterno.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.