Confiar en medio del dolor es uno de los actos más profundos y valientes de la vida espiritual. No porque el dolor sea fácil de atravesar, ni porque tengamos todas las respuestas, sino porque en esos momentos nuestra fe se vuelve más real, más honesta y más desnuda. Cuando todo parece tambalear, cuando las fuerzas se agotan y cuando el corazón se siente desgarrado, confiar se convierte en un susurro que nace desde lo más profundo del alma: un “aquí estoy, Señor” que no niega la herida, pero tampoco renuncia a la esperanza. La confianza en medio del dolor no es un sentimiento, es una decisión que se renueva día a día, aun cuando las lágrimas siguen cayendo.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.