La incertidumbre laboral llega como una sombra silenciosa que se va extendiendo poco a poco: un cambio inesperado en la empresa, un recorte de personal, un proyecto que no salió como esperabas, o simplemente esa sensación constante de no saber qué viene después. Y en medio de todo eso, es normal sentir miedo, ansiedad o incluso vergüenza, como si deberíamos tener todo bajo control solo por ser adultos. Pero la verdad es que nadie está exento de atravesar temporadas así. En esta reflexión quiero que hablemos como amigos, reconociendo que la incertidumbre laboral no solo afecta el bolsillo, sino también el corazón, la identidad y la paz interior. Y aun así, en medio de ese terreno inestable, la fe puede convertirse en un refugio real, no como un discurso bonito, sino como una presencia que sostiene cuando las fuerzas flaquean.
tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.