Jesucristo es el Autor de Eterna redención, y todos los que confían en su obra sacrificial obtienen Vida Eterna y no vendrán a perdición. El nos salvo para que viviésemos cada día de manera santa y justa delante de Dios, aguardando su retorno. Pero esa vida agradable al Dios Vivo, tiene dos obstáculos a los cuales debemos estar atentos, la lucha en el interior de cada discípulo con la "carne", y las estrategias de engaño de el adversario de nuestras almas, el cual procura extraviarnos de la sincera fidelidad a Cristo.