Hubo un momento de mi vida donde al autoestima se me bajó hasta el mismísimo inframundo.
No creía en mí, no tenía ganas de nada y mi falta de confianza era como una nube oscura que cargaba a todas partes.
Una noche mientras comía con mi esposo me preguntó qué me pasaba y yo le dije:
“Estoy cansada de ver cómo otras logran sus metas, tienen la vida perfecta, viajan a todas partes y yo sigo aquí trabajando únicamente para cubrir nuestras deudas y pagar nuestro alquiler”.
Entonces el me miró y me contó una historia que me sacudió.