El complacer a los demás no es de buenas personas, es un mecanismo de auto-protección; y si lo piensas bien, también es deshonesto, con ellos y contigo.
Mientras más haces lo que los demás quieren que hagas, más invisible te vuelves, pierdes identidad, crea resentimiento y crea confusion, en lugar de conexión, ya que eres diferente dependiendo de qué persona tengas en frente.
Escucha la historia de un pastelero que accedía a todos los cambios que le pedían sus clientes, y como resultado, dejó de tener clientes, perdió su sello, su marca, su valor que lo distinguía de los demás.
No se trata de ser grosero, apático o irresponsable. Esta es una invitación para escoger tu integridad por encima de la aprobación de los demás. Es mejor tomar decisiones responsables y conscientes que dar muchos "sí" de manera automática. Los límites nos dan estructura, consistencia y valor. Nuestras relaciones se vuelven honestas cuando dejamos de ser invisibles y actuamos en alineación con quien verdaderamente somos.