Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, Jerusalén formaba parte del Imperio Otomano, aliado de Alemania.
Del otro lado estaba el Imperio Británico, que “quería desesperadamente controlar la Tierra Santa, ponerla bajo la influencia cristiana en una época de dominio islámico otomano”, dice Bruce Hoffman, director del Centro para la Civilización Judía de la Universidad de Georgetown.
A medida que se desarrollaba la guerra, nació lo que en un principio parecía una alianza, ya que los árabes en rebelión contra sus gobernantes otomanos encontraron el apoyo de los británicos.