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La petición que Jesús se negó a conceder
Santiago y Juan fueron dos oportunistas. Su único objetivo era subir de rango. Para lograr su fin, no dudaron en suplicar. No les importaba cuánta envidia y resentimiento despertaban en sus compañeros. Su objetivo era trepar en la escala profesional.
Pero, ¿a qué precio para ellos mismos?
Si en el transcurso de su ascenso a la cima, las personas se pierden a sí mismas, a sus propias almas, todo lo que hagan o logren no tendrá valor. El poder endurece el corazón humano. Una persona de corazón duro es incapaz de amar. Es dando que recibimos, y es sirviendo que crecemos en el amor.
By Alejandro De la SottaLa petición que Jesús se negó a conceder
Santiago y Juan fueron dos oportunistas. Su único objetivo era subir de rango. Para lograr su fin, no dudaron en suplicar. No les importaba cuánta envidia y resentimiento despertaban en sus compañeros. Su objetivo era trepar en la escala profesional.
Pero, ¿a qué precio para ellos mismos?
Si en el transcurso de su ascenso a la cima, las personas se pierden a sí mismas, a sus propias almas, todo lo que hagan o logren no tendrá valor. El poder endurece el corazón humano. Una persona de corazón duro es incapaz de amar. Es dando que recibimos, y es sirviendo que crecemos en el amor.