Los seres humanos somos frágiles y necios.
Nos han dicho que la gracia se puede encontrar en el universo. Sin embargo, en nuestra necedad y miopía humana, imaginamos que la gracia divina es finita, y
por esta razón temblamos. Pero llega un momento en el que se nos abren los ojos y vemos que la gracia es infinita. La gracia no exige nada de nosotros, excepto que la esperemos con confianza y la reconozcamos con gratitud. La gracia no
impone condiciones y no señala a ninguno de nosotros en particular. La gracia nos acoge a todos en su seno y proclama una amnistía general. (Isak Dinesen).